miércoles, 30 de marzo de 2011

Tomillo San Cristobal

Hola amigos,
tras el lapsus evaluatorio, de nuevo con vosotros, esta vez para mostraros mis primeras experiencias en el cultivo y diseño de una especie muy mediterránea, el tomillo (Thymus vulgaris).

Este arbusto aromático me había atraído siempre por su olor, su floración y sus maderas retorcidas y formadas de múltiples vetas, que le confieren un aspecto de vejez impresionante. Sabéis los asiduos a este blog que me pirran los romeros, y sin embargo no había probado nunca con tomillos. Mi amigo Gabi Cruz, de la Asociación Bonsái Oriente de Almería, me metió el gusanillo en el cuerpo al mostrarme hace tiempo algunos que llevaba trabajando varios años, y aunque la prensa que tienen no es muy favorable, sobre todo por lo delicado de sus transplantes, o eso se decía, a él le iba estupendamente en su cultivo y formación.


En una excursión a una antigua cantera de arenisca situada en el Cerro de San Cristobal, por aquí en el Puerto, mis amigos Rosendo y Antonio me mostraron algunos pequeños ejemplares con mucho potencial. Recogimos algunos por el mes de febrero del 2010, y yo me fijé en un ejemplar algo mayor situado en un cortado de la cantera, creciendo entre los restos alterados de esta arenisca. Por el tamaño y grosor del tronco debía llevar creciendo bastantes años, subsistiendo en condiciones muy precarias, medio caído, pero con unas buenas raíces que penetraban entre la arenisca degradada.


Rosendo y yo nos pusimos manos a la obra y rápidamente fue extraído del suelo con una buena cantidad de raíces finas. De esto tiene mucha culpa el substrato arenoso en el que crecía. Otros tomillos suelen crecer entre rocas calizas y son casi irrecuperables al romperse las raíces durante la extracción.


Al llegar a casa eliminé toda la arena sacudiendo la planta, sin lavar por agua por lo de conservar las micorrizas, y la planté en mi substrato estandar, akadama al 50% con arena del monte Fuji, menos porosa que la roja que usamos habitualmente por el sur. Este es el formidable aspecto del tomillo tras plantarlo en la posición aproximada en la que crecía en el cortado de la cantera:

Una muestra del substrato utilizado y de la sujeción de la planta para que todas las raíces estuvieran cubiertas por el mismo. En este primer momento lo único importante era asegurarse que el enraizamiento fuese adecuado.
Para que estuvieran compensadas copa y sistema radical presente, opté por eliminar gran parte de las ramas existentes, así no habría tanta demanda de agua y tan poco aporte por las raíces:


Cinco meses más tarde, por el mes de julio, el tomillo había crecido sin problemas, y comencé a eliminar lo accesorio, y a trabajar parte de la madera de los cortes realizados. Si os fijáis con detenimiento observaréis que había eliminado la gruesa rama central y me había quedado con dos ramas gruesas para comenzar a pensar en el futuro diseño. Estos yamadoris son como son, y hay que darles muchas vueltas y verlos día a día para imaginar como pueden evolucionar mejor, qué aprovechar en el diseño y qué descartar. Por otra parte, las gruesas ramas son casi inamovibles, y siempre es preferible comenzar con brotes tiernos, fácilmente dirigibles con el alambrado.
En esta imagen lateral podéis comprobar que lo que aproveché era lo que más movimiento tenía, y evité quedarme con largos tramos rectos. Lógicamente esto viene condicionado por la brotación nueva, por su posición. En algunas partes dejé más de lo normal para no debilitar en exceso a la planta. Tened en cuenta que es uno de mis primeros tomillos, y es lo que decimos la fase experimental.

En el mes de diciembre el tomillo se había recuperado un poco, y decidí darle otro apretón, así que opté por replantarlo y levantarlo un poco. Cuestión de diseño. Ya se, demasiados trabajos seguidos, pero es que el tomillo estaba respondiendo muy bien, y hasta que no lo veo encaminado no suelo dejar en paz a un arbolito. Finalmente como podéis comprobar eliminé la vegetación de la gruesa rama inferior, quedándome con un solo ápice, el que imprimía mayor movimiento:


Así que a extraerlo del tiesto y a trabajarle un poco las raíces, eliminando las mal situadas. El año anterior no toqué ninguna, así que había muchas defectuosas, otras muy gruesas y otras muy largas:
Un pequeño giro y algunas raíces demasiado gruesas que no me decidí a eliminar de momento:
El lateral derecho:
La prueba de que el tomillo no se vio afectado en exceso por tanta manipulación la tenéis en esta imagen de febrero de 2011. Lo difícil fue sujetarlo en esta posición, un alambre grueso en la base y un palillo en el lateral me ayudaron:


Y como seguía respondiendo bien, un nuevo apretón. En esta ocasión eliminé otra de las ramas bajas, acorté la rama principal para ir dando conicidad, me quedé con las mínimas ramitas mejor situadas entre las disponibles en el ápice y un poquito de alambre de cobre del más fino me ayudaron a dar algo de movimiento:


La parte trasera. La madera muerta realizada y el movimiento del ápice hacia el frente descartaron esta vista para el diseño.


Y para rematar la faena, una meticulosa limpieza de restos de corteza de las ramas podadas en los trabajos anteriores, un cepillado suave con dremel y cepillo de latón y un poco de polisulfuro para que resalte más la madera muerta. Y ahora sí que le ha llegado el momento de descansar una buena temporada. Demasiadas intervenciones en un solo año.


Pensaréis que ha sido excesivo, pero si lo hubiese realizado todo de golpe cuando lo recuperé tal vez ahora no tendría tomillo. Si embargo, como os mostraré mañana, este ejemplar tiene muchas ganas de vivir, y creo haber encontrado un posible diseño que me satisfaga.


Un saludo y ánimo con nuestras especies mediterráneas.


Juan Antonio Pérez.

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