viernes, 14 de septiembre de 2018

Tomillo aceitunero 7_2018 "Filigrana"

Hola amigos.

Comienza un nuevo curso, y con muchos buenos acontecimientos por venir.

A la espera de los mismos voy a ir retomando el blog, dándole más protagonismo del que tiene ahora, algo superado por la rapidez e inmediatez de las redes sociales tipo Facebook. 

Como parte de una serie de entradas que se basan en la creatividad que me inspiran los tomillos aceituneros os presento a esta "Filigrana". 

El tomillo (Thymus capitatus en mi caso) tiene todas las características que hacen de una especie una buena candidata al bonsái creativo: tienen madera muerta interesante o se le puede crear, son relativamente flexibles y fijan pronto la posición que se le puede dar con el alambre a las ramas, compactan bien si se aplican los trabajos correctos, y aunque al principio, cuando están enraizando, son muy delicados, cuando están establecidos, trascurrido el primer año desde su recuperación, son muy resistentes y muy agradecidos, floreciendo varias veces al año. 

¡No digo nada del agradable aroma que desprenden cuando se trabajan y de la posibilidad de usar los restos del pinzado, si no hemos tratado con fitosanitarios, para aliñar una buena paella con conejo y caracoles!

Éste tomillo me inspiró desde el primer momento un trazo con el pincel al estilo de las pinturas sumi-e, un bonsái extremo, un cascada, no se, muchas ideas que aparecen cuando miras lo que has sacado del campo.


Tenía una larga raíz de la que salían algunas raicillas muy delicadas, y para meterla en la maceta de cultivo tenía que replegarla con alambre de alumino. He comprobado que los tomillos enraízan mejor si dejamos un buen fragmento de la raíz pivotante y no la cortamos hasta pasados dos o tres años, cuando las raíces adventicias han tomado más protagonismo.


Para acortar un poco el conjunto y posicionar el poco verde que presentan a finales de enero, principios de febrero (en este caso el 2 de febrero), cuando los recupero, utilicé un poco de aluminio y formé un par de bucles. 

Como este tomillo presenta madera muerta, a veces hay que quebrar la misma con sumo cuidado para poder llevar el diseño al extremo. Hay que ir poco a poco, a veces en varias intervenciones separadas unos días, aunque en este caso no se presentó ningún inconveniente y todo el trabajo se terminó en muy poco tiempo.



La parte final del tomillo fue la única que alambré al modo tradicional, ya que pretendía darle algo de movimiento en varias direcciones. Ahora había que empezar a pensar en las diferentes opciones que se nos presentan para elegir el frente.




En el mes de mayo ya empiezan a alargar los brotes, aunque aún no hay que cantar victoria.




Los primeros pinzados los hago por el mes de julio, en muchas ocasiones coincidiendo con rachas de levante que secan las puntas de los brotes, volviéndolos amarillentos y con la yema terminal negra, muerta. El pinzado temprano activa las yemas traseras y pronto comienza a aumentar el número de ramas disponibles.


Es hora de ir deciciendo que frente escoger para el diseño final.



A finales de agosto, principios de septiembre, realizo el segundo pinzado, ya se va notando que el enraizamiento ha sido un éxito. Podemos empezar a estar tranquilos respecto a su establecimiento en maceta, e incluso pensar en elegirle una maceta de bonsái que realce el diseño.


En estas imágenes sin pinzar podéis ver como el levante ha secado las yemas terminales, que se ven de color marrón oscuro.

Tras el pinzado:


Cuando lo formé la primera vez disponía de dos macetas de una calidad excepcional, de las que te mandan con cajita de madera y paño, de Motozo, Kameoka Katsushi. Cuando la golpeas con la tijera suena como una campana, y pensé que le sentaría bien a este tomillo.


Para el trasplante hay que tener mucho cuidado, las raicillas son muy delicadas y se rompen con facilidad, pero en este caso no hubo problemas y sin que se desmoronara el cepellón lo conseguí meter en la maceta. Al soltar los alambres de agarre de los bucles aparecieron unas curvas muy interesantes, que con un pequeño alambre fijé algo mejor, y de la misma manera, ajusté el posicionamiento de la salida del tronco de la maceta para mostrar un par de curvas interesantes. Por último subí con un alambre fino de cobre la parte final de la rama en cascada y modifiqué la posición de un jin.

El resultado, ocho meses después de su recuperación es realmente muy atractivo:


Y lo que os comenté al principio, el tomillo aceitunero !activa mi lado creativo!.

Un saludo.

Juan Antonio Pérez.

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